domingo, 14 de diciembre de 2014

WAKE UP TIME

Ayer se presentó en Valladolid "Soundtrack", un pequeño fanzine editado por La Criminal en el que catorce ilustradores se dan cita para representar a través de imágenes (y sin texto) la canción que más les remueva las vísceras (o cualquiera de sus órganos vitales). Este es el resultado de mi aportación, a partir de la canción "Wake up time" de Tom Petty, a quien reverencio desde que el colega criminal Diez Ovejas me lo recomendó (insistentemente) como referencia musical.


sábado, 6 de diciembre de 2014

balas de ida y vuelta





Comía bocadillos de pechuga de pollo con lechuga y mahonesa. 
Hace años. Ayer. 
Era reconocible porque a la hora de comer se hacía minúsculo.
Un huevo inconcluso de codorniz.
Hacía ecos en la caverna los días de silencio, que eran 360 al año.
Gorgoritos de amable inadaptado.
El veredicto final fue de trece balazos desde el momento en que se supo que en el futuro iría a trabajar con corbata y camisa.

Sus restos fueron reanimados y exhibidos como trofeo.

Estuvo recluido en un asilo para casos olvidados, cerca de la salida 19 del nervio espinal, en una celda de aislamiento que era un saco amniótico donde sólo podía respirar líquidos y hormonas. 
Las visitas en las celdas cerebrales son tejemanejes de espía. 
Él tuvo una. 
Creció en su saco gracias a cien jeringas para atleta. 
Desarrolló tejidos, músculos y sexo.
Y un día abrió los ojos.

Se había hartado de ser líquido. 
Llevaba consigo trece balas.

Está armado.

Dispara en su fuga, diciendo silencio, silencio, silencio, 
diciendo disculpas, la cama vacía.
Diciendo bobo,
adiós, adiós,
silencio. 

Bang.
Silencio para que te escuchen todos los ecos que despiertan en tu cerebro.

sábado, 18 de octubre de 2014

PASEN Y VEAN



La herida abierta es un roto de mapa corporal. Una puerta que escuece y que molesta desde la que mil personas ajenas pueden asomarse a admirar el paisaje. Se me ha roto mi membrana celular y ahora los transeúntes infecciosos pululan de dentro afuera como una corriente submarina en una cueva.
Entran sin ticket ni guía, expectantes ante las maravillas que imaginan que puede ofrecer un sujeto herido.

Es inútil cerrar las puertas cuando ya se han propagado diez mil moscas turistas con instantáneas robadas de una cavidad degradada y supurante. He rehabilitado la herida como sala aséptica porque eran necesarias nuevas fronteras.

Se asoman para contemplar la nada, un cuerpo hueco, bronco. Una ruina en silencio donde todo gotea y se quiebra. Ni un eco, ni el de la lluvia en la piel, ni los engranajes lastimosos del cerebro, ni el sonido fantasma de mis vísceras encogidas y emigradas.

En algún lugar lejos de mí he escondido las sensaciones que habitaban mi cuerpo.

Ahora sólo se oyen los pasos ajenos, el chirriar seco de una mirada vacía, las obras de reconstrucción de mi piel-corteza.

La herida muerta.
El lodo.

Tus cien piedras golpeando, una a una, contra mi cabeza.

lunes, 29 de septiembre de 2014

CUENCA ABSURDA


Este fin de semana, Margarita me invitó como animal de compañía a Cuenca. Y como ancha es Castilla (La Mancha), me embarqué en el ave al primer Encuentro de Ladrones de Cuadernos, donde se reunió mucha gente variopinta de gran corazón. Debo decir que hice dibujos serios, pero la saña que me corre por las venas me indujo también a hacer cosas más ligeras. Y es que una no se podía imaginar las cosas que se pueden llegar a oír si te paras a escuchar (a lo cotilla). Estas perlas de Cuenca Absurda están dedicadas a los turistas, conquenses y animales de compañía varios que me hicieron pasar el buen rato de oírles a hurtadillas y de trastornar sus frases en viñeticas. He aquí una parte del asunto, con mala leche. Que conste que aún tengo muchas cosas en el tintero de lo que pasó en Cuenca, pero eso será para otro momento.


Pura apurando su culín de vino antes de misa. Para meterse en situación, supongo. A las once de la mañana, como las valientes. Algunos llegamos a la conclusión de que en Cuenca son un poco vascos y no lo saben....

España va bien. Y su sistema educativo lo demuestra. Del siglo diecisete, decía el mozo añejo mirando el letrero. Un niño de cuatro años se tomó la molestia de darse unos minutos para pensarlo. Y acertó con el numerico.


Las vistas impresionantes, con las casas colgadas a un lado y una cuesta hacia el precipicio al frente. Pero comodidad y confort...

Lo estaban viviendo. La convención de Samsung estuvo a punto de sufrir un ataque de selección natural.

Bueno, que conste que al tal Fernando no lo vi, porque estaba todavía dándole vueltas a lo que una señora (hiper)perfumada e (hiper)enjoyada había dicho acerca de "haberse hecho ya  (ella a sí misma) dos Cuencas". Pero por el tono del guía, debía de ser algo así. Se olía el miedo en el ambiente, oyes.

Dudas existenciales de (una parte de) la humanidad. 


Sí, bonico, los romanos tenían buenos ingenieros. Que conste que en la viñeta no salen ni Obélix (están locos estos romanos) ni servidora, que como historiadora del arte estuvo a punto de saltar de susodicho puente.


....




martes, 19 de agosto de 2014

Espacio dislocado, Medina del Campo



Por si no se nota, le he cogido el gusto a experimentar con rotuladores ajenos. El otro día estuvimos en una exhibición de esgrima histórica en Medina del Campo, y esta es (más o menos) la imagen alterada que se me ha colado en el cerebro. Con mucho desierto, sin trompetas, sin santos, sin olor a rosquillas y sin el círculo de curiosos... 
Pero mi retina y mi cerebro van a su peculiar ritmo.
Cualquier parecido a la realidad es puritita casualidad, ya lo sabéis.

domingo, 10 de agosto de 2014

El sueño de una siesta de verano

El sueño de una siesta de verano. Tinta y rotulador de alcohol. A4.

Vivía en un piso nuevo en un edificio con las ventanas de colores, del que sólo llegué a ver una pared con un mural y muchas escaleras que, por mucho que subían, siempre daban al nivel de la calle. Era un secarral veraniego lleno de maleza marchita, pero el escenario era reconocible a pesar de las carreteras nuevas y de los bloques de pisos de aspecto extravagante junto a los barrios chungos del pueblo. Le echaba la bronca a un hombre barbudo porque se había puesto unas mallas de licra dentro de mi (y su) piso, y ciega de ira, fui a calmarme al único sitio donde encontraba venganza fría: un chiringuito que se anunciaba con el jocoso letrero de "Hay gamusinos". Le pedía un bocata de jamón, él lo servía -el despecho es delicioso-, y después de robarle la rejilla del grifo de cerveza, salía a la calle, donde gente conocida manifestaba facetas hasta entonces desconocidas: funcionarios haciendo el payaso, deportistas con aptitudes musicales... 
En el sofá, a medio sueño, me repetía que el calor afecta mucho a los cerebros (ajenos).

martes, 29 de julio de 2014

la venganza de los amores platónicos






Los amores platónicos son microorganismos que anidan en los recodos de las circunvoluciones cerebrales. Están escondidos, latiendo con el ritmo alegre de los ecos de una espaciosa cueva corporal, con la nuez prominente, los brazos alrededor de las rodillas, sin aliento, los hombros anchos; la mirada inteligente, un poco triste, inaccesible, despavorida, como de flacidez emocional o de humor inestable que no saluda, que no sube a la superficie, que sonríe únicamente con el cambio de luz. 

Islas que echan raíces a su alrededor marcando un territorio inaccesible.

Los veo como un batallón de rostros inexpresivos y cuerpos eróticos de viento que regresan de su mundo de placidez para demostrarte que no eran ni hermosos ni enigmáticos. Se vengan enseñando sus manos de aire con olor a moho, unos calzoncillos demasiado pequeños, espaldas reumáticas y babas cerebrales que gotean palabras con demasiado sentido. Sonríen porque saben que son infecciosos.

Están armados de dientes punzantes, especialistas en quebrar tejidos, y juegan a derribarse unos a otros con pistolas sin preocuparse de los daños cerebrales que causan las balas perdidas. Luego vuelven a su nido unicelular, al amparo de sus membranas protectoras, satisfechos por haber mudado de sitio las fronteras, y se cantan una nana,
y se arrullan,
y dormitan mientras su cápsula inteligente se desplaza fuera del organismo abriendo surcos sangrantes donde planta sus esporas.

Todos los amores platónicos, los ecos, todos los cuerpos, las vísceras del revés, tendidas al sol sobre las zarzas.